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LA EVOLUCIÓN DE LOS REFRANES

Ladrón que roba a ladrón… ¡es político el cabrón!

La suerte de la fea, a las bonitas… ¡les vale madre!

Sale más caro el caldo… Si lleva albóndigas.

Hierba mala… ¡que la fumen!

Barriga llena,  ¿qué hicimos corazón?

Mandil de la casa, oscuridad de la calle.

El amor es una cosa esplendorosa, ¡hasta que te sorprende tu esposa!

Caras vemos, mañanas no conocemos.

La unión, hace la tercia.

La excepción de la regla, ¡dura nueve meses!

Al mal paso… Darle gerber.

Hormona… Mata neurona.

Mucho antes cae un hablador si es cojo.

Mas vale prevenir que bautizar.

Palo dado ¡que rico!

Al que no habla… Dios lo hizo mudo.

Cría cuervos y tendrás un chingo.

Camarón que se duerme amanece de coctel.

Árbol que nace torcido, se le caen los pajaritos.

De tal palo, tales hijos.

El dinero no hace la felicidad, la compra hecha.

El amor eterno, dura tres meses.

Todo tiempo pasado fue anterior

Toda cuestión tiene dos puntos de vista: el equivocado y el mío.

Si la montaña viene hacia ti ¡corre, es un derrumbe!

Lo importante es el dinero, la salud va y viene.

El que quiera azul celeste, ¡que se acueste!

Pez que lucha contra la corriente, muere electrocutado.

El que ríe al último, por pendejo no entendió el chiste

La esclavitud no se abolió: se redujo a ocho horas diarias.

Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro.

Amor de lejos, felices los cuatro (por un rato).

Los senos de la Reina

Amit era un alto funcionario de la corte del Rey Albarek. Hacía mucho tiempo estaba obsesionado con el deseo incontrolable de gozar de los  voluptuosos senos de la Reina hasta hartarse. Por supuesto, nunca había podido  hacerlo.

Un día reveló su deseo a Birbal, principal consejero y abogado de la corona, a quién pidió que hiciese algo para ayudarlo. Birbal, después de  mucho pensar, acordó ayudarlo, con la condición de que Amit le pague mil  monedas de oro... Amit aceptó el acuerdo.

Al día siguiente, Birbal preparó una pócima que causaba picazón y la derramó en el sostén de la Reina mientras ésta tomaba un baño. Pronto el  escozor comenzó y fue aumentando en intensidad, dejando al Rey preocupado y a  la Reina muy molesta. Se hicieron consultas a los médicos y, ante la falta de respuesta de éstos, Birbal dijo que a su entender sólo una saliva especial, aplicada durante cuatro horas, curaría el mal. Birbal también añadió que esa saliva tan especial podría ser encontrada en la boca de Amit, a quién habría visto curarse de molestas picaduras, sólo lamiéndose las heridas.
 
El Rey Albarek se puso muy feliz y llamó a Amit, quien durante las cuatro horas siguientes se cansó de gozar, a voluntad, de los suculentos y  deliciosos pezones de la Reina, haciendo todo lo que siempre había deseado.

Con su deseo ya plenamente realizado y satisfecho su libido, Amit se  negó a pagarle a Birbal lo que habían convenido; además, riéndose en su cara se burló de él. Sabía naturalmente que Birbal nunca podría contar el hecho  al Rey.

Pero Amit había subestimado al Abogado de la Corona, hombre de muchos recursos como todos los de su profesión. Al día siguiente, Birbal colocó  el mismo líquido en los calzoncillos del Rey.

Moraleja: ¡Nunca dejes de pagarle a tu Abogado!

¿Me dejaría morderle las tetas?

Un tipo ve una mujer guapísima, con unas tetas perfectas, salir de un autobús. Corre y le pregunta:

- ¿Por 100€ me dejaría morderle las tetas?
- ¿Tu te has vuelto loco? -responde ella.

Él da la vuelta a la manzana, llega antes que ella a la esquina y le pregunta:
- ¿Por 1.000€ me dejarías morderte las tetas?
- Escuche, señor mío, yo no soy de ese tipo de mujer... ¿Entiende?

El tipo da la vuelta a la otra manzana y, de nuevo, llega a la esquina antes que ella y le vuelve a preguntar: ¿Por 10.000€ me dejarías morderte las tetas?

La mujer piensa un poco y responde: ¿10.000? Está bien, pero vamos allí, a aquel portal.

Ella se abre la blusa y, sacándoselas, muestra sus tetas hermosísimas a la cara del tipo.

El tipo, así que las ve, se lanza y comienza a besarlas, a acariciarlas, recostando la cabeza entre ellas, las lame, las chupa, las vuelve a besar; pero de morder, nada.

Hasta que la mujer pierde la paciencia y pregunta:  ¿Pero es que no me las vas a morder?

El tipo responde: No... ¡Es muy caro!

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