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Consejo

En una cátedra de la carrera de Derecho le dice el catedrático a los estudiantes:

"Hijos míos, recuerden que cuando sean abogados, los casos a veces se ganan y a veces se pierden, pero siempre se cobran".

Abajo el juez

En un juicio público, el juez advierte a la sala: ¡Silencio! Les advierto que como vuelva a oír "abajo el juez" les echo a la calle.

¡Abajo el juez! Se oye de nuevo.

Y el juez exclama: La advertencia no lo incluye a usted, señor acusado.

Tenía hambre

Pregunta el juez al acusado: ¿Así que robó las barras de pan porque tenía hambre?

- Sí señor juez.

- ¿Y por qué además se llevó el dinero que había en la caja?

- Porque no sólo de pan vive el hombre.

¿Usted es médico?


Una señora, con su hijo de 10 años, está comiendo en un restaurante. En un descuido, el chico se mete una moneda en la boca y se atraganta.

La madre intenta hacerle escupir la moneda. Le golpea la espalda, le da palmadas en el cuello, lo sacude, sin éxito.

El chico comienza a dar muestras de asfixia y la madre, desesperada, grita y pide auxilio.

Un señor se levanta de una mesa cercana, y sin decir palabra alguna, le baja los pantalones a la criatura, toma sus pequeños testículos, los aprieta con fuerza, y tira hacia abajo violentamente.

El niño -ante el dolor irresistible- escupe la moneda y el señor, con la misma pasmosa tranquilidad con la que se acercó, regresa a su mesa sin decir palabra.

Al rato, la señora, ya tranquila, se acerca para agradecerle que haya salvado a su hijo y le pregunta:

- ¿Usted es médico?

- No señora, Soy asesor legal del Servicio de Recaudaciones Impositivas, experto en apretarle los huevos a la gente y sacarles hasta la última moneda.

LA EVOLUCIÓN DE LOS REFRANES

Ladrón que roba a ladrón… ¡es político el cabrón!

La suerte de la fea, a las bonitas… ¡les vale madre!

Sale más caro el caldo… Si lleva albóndigas.

Hierba mala… ¡que la fumen!

Barriga llena,  ¿qué hicimos corazón?

Mandil de la casa, oscuridad de la calle.

El amor es una cosa esplendorosa, ¡hasta que te sorprende tu esposa!

Caras vemos, mañanas no conocemos.

La unión, hace la tercia.

La excepción de la regla, ¡dura nueve meses!

Al mal paso… Darle gerber.

Hormona… Mata neurona.

Mucho antes cae un hablador si es cojo.

Mas vale prevenir que bautizar.

Palo dado ¡que rico!

Al que no habla… Dios lo hizo mudo.

Cría cuervos y tendrás un chingo.

Camarón que se duerme amanece de coctel.

Árbol que nace torcido, se le caen los pajaritos.

De tal palo, tales hijos.

El dinero no hace la felicidad, la compra hecha.

El amor eterno, dura tres meses.

Todo tiempo pasado fue anterior

Toda cuestión tiene dos puntos de vista: el equivocado y el mío.

Si la montaña viene hacia ti ¡corre, es un derrumbe!

Lo importante es el dinero, la salud va y viene.

El que quiera azul celeste, ¡que se acueste!

Pez que lucha contra la corriente, muere electrocutado.

El que ríe al último, por pendejo no entendió el chiste

La esclavitud no se abolió: se redujo a ocho horas diarias.

Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro.

Amor de lejos, felices los cuatro (por un rato).

Los senos de la Reina

Amit era un alto funcionario de la corte del Rey Albarek. Hacía mucho tiempo estaba obsesionado con el deseo incontrolable de gozar de los  voluptuosos senos de la Reina hasta hartarse. Por supuesto, nunca había podido  hacerlo.

Un día reveló su deseo a Birbal, principal consejero y abogado de la corona, a quién pidió que hiciese algo para ayudarlo. Birbal, después de  mucho pensar, acordó ayudarlo, con la condición de que Amit le pague mil  monedas de oro... Amit aceptó el acuerdo.

Al día siguiente, Birbal preparó una pócima que causaba picazón y la derramó en el sostén de la Reina mientras ésta tomaba un baño. Pronto el  escozor comenzó y fue aumentando en intensidad, dejando al Rey preocupado y a  la Reina muy molesta. Se hicieron consultas a los médicos y, ante la falta de respuesta de éstos, Birbal dijo que a su entender sólo una saliva especial, aplicada durante cuatro horas, curaría el mal. Birbal también añadió que esa saliva tan especial podría ser encontrada en la boca de Amit, a quién habría visto curarse de molestas picaduras, sólo lamiéndose las heridas.
 
El Rey Albarek se puso muy feliz y llamó a Amit, quien durante las cuatro horas siguientes se cansó de gozar, a voluntad, de los suculentos y  deliciosos pezones de la Reina, haciendo todo lo que siempre había deseado.

Con su deseo ya plenamente realizado y satisfecho su libido, Amit se  negó a pagarle a Birbal lo que habían convenido; además, riéndose en su cara se burló de él. Sabía naturalmente que Birbal nunca podría contar el hecho  al Rey.

Pero Amit había subestimado al Abogado de la Corona, hombre de muchos recursos como todos los de su profesión. Al día siguiente, Birbal colocó  el mismo líquido en los calzoncillos del Rey.

Moraleja: ¡Nunca dejes de pagarle a tu Abogado!

Dónde está mi bombacha


El ginecólogo termina de revisar a la paciente y le dice:

  • Bien señora, me complace decirle que está todo muy bien, puede vestirse, la espero en el escritorio y conversamos.

Al minuto ella se asoma y le dice:

  • Doctor... ¿Y mi bombacha?
  • ¿Qué... ?
  • No está, si no aparece, voy a tener que llamar a mi abogado.

Incómodo, el doctor le responde:

  • Señora, por favor, yo no toqué su bombacha, es más, ni la vi. Usted se desvistió en el  reservado de la camilla y cuando me avisó que estaba lista para ser examinada, recién entré. Además no creo que sea un caso de llamar a un abogado. Por favor, búsquela bien, allí debe estar.
  • Pues no está acá. ¡Lo voy a llamar!

El médico muy preocupado, dado los múltiples casos de denuncias por mala praxis que están recibiendo y otros asuntos provenientes de pacientes histéricos, no la puede tranquilizar y ve, muy asustado, como la mujer toma el celular y llama:

  • Hola.... ¿Por favor señorita, me comunica con el doctor Albernaz?     De parte de la señora de Gómez... gracias.

Pocos segundos después:

  • Hola... ¿Doctor Albernaz...?  Perdoname Panchito ...  Fijate, por favor,  si se quedó mi bombacha en tu escritorio...

Moraleja:
¡NUNCA, HAY QUE APRESURARSE A TOMAR MEDIDAS NI SACAR CONCLUSIONES!

Al infierno...

Un abogado está parado ante San Pedro, quien lee un listado de sus pecados:
  1. Defender a una compañía que produjo la destrucción de una ciudad completa por contaminación ambiental habiendo pruebas contundentes de la culpabilidad de la misma.
  2. Defender a un peligroso asesino, obviamente culpable, por ser un buen cliente y ofrecer una paga sustanciosa.
  3. Recargar las cuentas de los clientes, etc, etc, etc…
El abogado, en pos de defenderse, le dice a San Pedro:
  • ¡Eh, está bien! ¡Acepto los cargos! ¿Pero qué hay de las obras de bien que he hecho en mi vida?
San Pedro mira en otro listado y dice:
  • Sí, es cierto, veo que en una oportunidad le dio 10 centavos de más a su lustrabotas… ¿es eso cierto?
  • ¡Cierto!
  • Y aquí ¡veo que en otra ocasión le dio 5 centavos a un mendigo… es eso cierto?
  • ¡Si señor!
Entonces San Pedro mira al ángel que tiene al lado y le dice:
  • ¡Está bien, consíganle 15 centavos y que se vaya al infierno!

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